¿Alguna vez os habéis fijado en cómo come un hamster? se coloca en un rincón de su jaula, con la cabeza gacha, el cuerpo encogido, y con sus pequeñas manitas se lleva a la boca, con gran dedicación, cacahuetes, maíz, pipas y otras semillas. Lo hace rápido, muy rápido, con la mirada perdida y un ritmo que podría parecer casi robótico.
El movimiento se repite una y otra vez, hinchando cada vez más sus carrillos, moviendo el bigote de derecha a izquierda, royendo y royendo, perdiendo la concepción del espacio y del tiempo.
Este comportamiento puede llegar a chocarnos, porque muchas veces creemos que el ser humano es un ser racional, capaz de discernir e incapaz de actuar mecánicamente como podría hacerlo un animal.
Pero no nos engañemos. Nuestra mente en realidad es el vivo retrato de ese hamster.
Nuestra mente almacena frenéticamente y a todas horas, recuerdos, sensaciones, comentarios, sueños, deseos, palabras inconexas, historias inventadas, números, frases, opiniones, e infinidad de elementos taladrantes que nos convierten en una pieza de relojería que gira, gira y gira, siempre avanzando sin detenerse un sólo minuto.
Nuestra mente se aísla, pierde la noción del contexto e incluso a veces de la realidad, impidiéndonos que nos centremos en nosotros mismos para recuperar el control que, algún día, cuando nacimos, tuvimos.
Sólo cuando esa rueda deje de girar, sólo cuando sepamos realmente discernir entre lo que queremos que nos afecte y lo que no, sólo cuando veamos un atisbo de luz, de paz, de tranquilidad, de silencio en nuestra mente, entonces podremos ser felices.
La felicidad no es algo que se compre, la felicidad no es algo que pueda proclamarse como un movimiento en forma de marketing comercial, la felicidad no son palabras, no es una frase bonita escrita en un libro, ni una doctrina. La felicidad es mucho más que eso y hay que trabajarlo internamente, diariamente, con empeño y paciencia… primero para uno mismo, luego para los demás.
Creo que el concepto de felicidad no debería utilizarse a la ligera, como si fuera una moda, para socializarnos o convertirnos en organizaciones que parecen militar un partido, porque la verdadera respuesta está en nuestro interior.
Creo en la bondad sin precios, en las pequeñas acciones que ayudan a los que tenemos a nuestro alrededor, y en todo lo que realmente nos llena cada día, un poco más, haciendo que seamos mejores personas, para nosotros mismos y para los demás.